Psicología Gnóstica

La psicología revolucionaria del Movimiento Gnóstico indica, de manera clara y precisa, que el ser humano está constituido de tres elementos psicológicos fundamentales, a saber: la Personalidad, la Esencia o Conciencia, y el Ego.

Ante todo es necesario comprender la diferencia existente entre el «Ego» y la «Esencia». Durante los tres o cuatro primeros años de la vida sólo se manifiestan en el niño los valores de la Esencia, con toda su belleza y su amor. Entonces el niño es tierno, dulce, hermoso en todas sus manifestaciones psicológicas. Pero cuando el Ego empieza a controlar la tierna personalidad del niño, toda la belleza de la Esencia desaparece y en su lugar afloran los defectos psicológicos (o «Yoes»), propios de todo ser humano.

 Tenemos que establecer, igualmente, la diferencia existente entre la «Personalidad» y la «Esencia». El ser humano nace con la Esencia, pero no nace con la Personalidad (ésta última necesariamente tiene que ser  creada en cada nueva existencia).

 En la Esencia tenemos todo lo que nos es propio; en la Personalidad todo lo que ha sido prestado. En la Esencia tenemos nuestros valores innatos; en la Personalidad tenemos los valores creados por el ejemplo de nuestros padres, por lo que hemos aprendido en el colegio, en la calle, etc.

 En ese sentido es urgente, por ejemplo, que los niños reciban el «alimento» adecuado para su Esencia y el «alimento» adecuado para su Personalidad. La Esencia o Conciencia se alimenta de la ternura, de la amabilidad, del amor, de la música de los grandes Maestros, de la belleza, la estética o la contemplación de la pintura, la escultura y de la armonía de la Naturaleza (las flores, los pájaros, etc.); e igualmente, se alimenta con el estudio equilibrado y la meditación transcendental. La Personalidad tiene que ser alimentada con el buen ejemplo de los mayores, con la sabia enseñanza de la escuela, y así sucesivamente…

Meditación en la escuela
La relajación y la meditación ayudan en el aprendizaje

 La Educación Fundamental propuesta por el Movimiento Gnóstico, enseña que desde el parvulario o jardín de infancia se tiene que cuidar de cada uno de los «Tres Cerebros» de la máquina humana: Intelectual, Emocional y Motor-Instintivo-Sexual, a fin de que la Esencia y la Personalidad del niño se desarrollen de un modo armonioso y equilibrado.

 Evidentemente, la calidad de la Personalidad humana depende exclusivamente de la clase de material psicológico con el cual fue creada y después alimentada. Esta cuestión de la creación y después del desarrollo de la Personalidad infantil es una muy grande responsabilidad para los padres y los profesores de los colegios.

 En la práctica hemos podido verificar que cuando la Personalidad se desarrolla exageradamente a expensas de la Esencia, cuando ésta queda apartada de su desarrollo, el resultado es simplemente el «bribón del intelecto».

 Del mismo modo, la observación y la experiencia de muchos años nos han permitido comprender que cuando la Esencia se desarrolla totalmente sin tener en cuenta un mínimo de la cultura armoniosa del Saber, el resultado es el «místico sin intelecto», sin Personalidad: noble de corazón, pero inadaptado e incapaz de explicar el conocimiento transcendental.

 A pesar de las diferencias que hemos apuntado, existe sin duda entre los estudiantes de psicología una gran confusión acerca de lo que son la Personalidad, la Esencia y el Ego. Algunos confunden la Personalidad con la Esencia, y otros confunden el Ego con la Esencia.

 Son muchas las escuelas pseudo-esotéricas que tienen por finalidad en sus estudios la «vida impersonal». Es necesario aclarar que, aunque la Personalidad deba ser destruida cuando se llega a la última fase de la «Gran Obra», lo que tenemos que aniquilar inmediatamente es el «Yo», el «Ego», el «mi mismo».

 La Personalidad es solamente un vehículo de acción que fue necesario crear o fabricar. La Personalidad, como vehículo de manifestación puede estar al servicio de los valores negativos del «Yo», o al servicio de los valores cósmicos de la Esencia.

 Cualquier tipo de Personalidad, por muy perversa que sea, se puede transformar radicalmente cuando son eliminados los valores mediocres del «Yo» de la psicología experimental. Al eliminar el «Ego», sólo se manifiestan a través de nuestra Personalidad los valores de la Conciencia superlativa de nuestro Real Ser Interior.

 Un perfecto equilibrio entre la Personalidad y la Esencia, un desarrollo armonioso de los Tres Cerebros y una Ética Revolucionaria, constituyen las bases de la auténtica Educación Fundamental.

 LA PERSONALIDAD

 Conviene saber que la Personalidad se forma con la experiencia, a través del tiempo. Escrito está que la Personalidad se tiene que crear durante los siete primeros años de la infancia y que después se acentúa y fortalece con todas las experiencias de la vida práctica.

 Nadie nace con una Personalidad; ésta es hija de su tiempo, nace y muere con su tiempo; no existe un mañana para la Personalidad del difunto, de aquél que abandonó su envoltorio físico o corporal. La Personalidad, pues, dura lo que dura el cuerpo físico y nada más.

 La Personalidad es un vehículo de acción que empieza de un modo puro, original, pero que se falsea cuando ciertos «Yoes» entran en ella y se desarrollan. Por ejemplo, el «Yo» de la vanidad, el «Yo» de la auto-importancia, el «Yo» de los celos, el «Yo» de la impaciencia, el «Yo» del miedo, el «Yo» de la preocupación, el «Yo» del vano intelectualismo y otros muchos, utilizan la energía de la Personalidad y la falsean.

 La falsa personalidad, además de ser en nosotros un elemento perjudicial, es un obstáculo para la consecución de la verdadera felicidad. Incuestionablemente, si la falsa personalidad se desvaneciese, sólo reinaría en nuestros corazones la felicidad.

 El gnosticismo universal jamás intentó oponerse al desarrollo de la Personalidad. Es más, señala que la Personalidad es un instrumento necesario para la existencia, pero explica también que es artificial, que no es lo verdadero o real en nosotros, no es lo propio e innato en nosotros, sino que está formada por todo aquello que hemos adquirido a lo largo de la vida; es hija del tiempo y debe desaparecer con el tiempo…

Psicología Gnóstica - Ego y Personalidad

LA ESENCIA O CONCIENCIA

 La Esencia inmortal es diferente. Lo que hace hermoso y adorable a todo recién nacido es su Esencia. Ella constituye en sí misma su verdadera realidad.

 La Esencia o Conciencia es la base misma de nuestra organización psicológica, es el único elemento divino que todavía no se ha extraviado en el «animal intelectual», equivocadamente llamado Hombre.

 La Esencia es una fracción del Alma Humana; se le llama Buddhata en la sabiduría budista. El Buddhata, fracción del Alma o Esencia, crece de manera espontánea y natural sólo durante los tres, cuatro o cinco primeros años de la infancia, es decir, en la primera etapa de la vida. Algunos piensan que el crecimiento y desarrollo de la Esencia se realiza siempre de modo continuo, según la mecánica de la evolución, pero el gnosticismo universal enseña claramente que esto no es así.

 El cuerpo humano crece y se desarrolla según las leyes biológicas de su especie, sin embargo, tales posibilidades son por sí mismas muy limitadas para la Esencia.

 Para que la Esencia crezca y se desarrolle, algo muy especial debe ocurrir, algo nuevo se tiene que realizar. Nos referimos en concreto al Trabajo sobre mismo; ya que el desarrollo de la Esencia sólo es posible a base de «trabajos conscientes y padecimientos voluntarios e intencionados».

 En la Esencia están depositados los datos indispensables para la auto-realización íntima del Ser. Esto significa que si en tal elemento primario se encuentran los principios básicos de la «regeneración humana», la primera cosa que debemos hacer es destruir o aniquilar esa segunda naturaleza de tipo infernal en la cual está embotellada la Esencia.

 En efecto, la Esencia se encuentra embotellada, enfrascada, embutida en el «Ego», y esto es verdaderamente lamentable.

 Disolver el «Ego» de la psicología, desintegrar sus elementos indeseables o inhumanos, es el sentido del Trabajo sobre mismo.

 Queda evidente y manifiesto que cuando la Esencia se desembotella, se auto-libera, despierta radicalmente. Las ventajas que este acontecimiento puede procurarnos son realmente múltiples. La primera, en sí misma magnífica, es recibir de ella orientación objetiva dirigiendo nuestro pasos por el Sendero que nos tiene que llevar hasta la Liberación Final. La segunda de estas ventajas es que nos conduce por la vía de las experiencias directas y variadas, permitiéndonos verificar todas y cada una de las realidades esotéricas que nos enseña la Gnosis...

 Mas, jamás podríamos liberar la Esencia sin antes desintegrar los elementos y subelementos que constituyen el «Ego». A medida que todas estas abominaciones van reduciéndose a polvareda cósmica, la Esencia -además de emanciparse-, crece y se desarrolla armoniosamente. La Esencia libre nos confiere la belleza íntima. De esa belleza emanan la felicidad y el amor verdaderos.

 La Esencia posee múltiples sentidos que nos permiten estudiar conscientemente; posee, igualmente, extraordinarios poderes naturales. La Esencia -el Buddhata- posee en sí misma el poder de la intuición, de la percepción instintiva de las Verdades Cósmicas; posee poderes sobre el fuego, el aire, el agua y la tierra…

 Evidentemente, cuando «morimos en nosotros mismos«, es decir, cuando eliminamos el «Ego», gozamos de los preciosos dones y poderes de la Esencia, resplandeciendo en nosotros nuestra verdadera realidad íntima.

Esencia - Alma.

EL «EGO»

 Mucho es lo que se ha hablado sobre el «Ego», sobre el «Yo», el «mí mismo», el «sí mismo»; innumerables teorías antitéticas luchan unas contra otras. Numerosos son los adoradores del «Ego», numerosos son los partidarios del «Alter Ego». Para ciertas escuelas el «Ego» es sagrado. Para otras el «Ego» es dual: hablan del «Yo superior» y del «Yo inferior»; dicen que el «Yo superior debe dominar al Yo inferior», lo cual es falso…

 En todo caso, para poder hablar del «Ego» con autoridad, se tiene que haber desarrollado el sentido de la auto-observación psicológica. Sólo así, por experiencia directa, se puede hablar con total claridad de lo que llamamos «Yo», «Ego», «sí mismo».

 Leer una teoría sobre el «Ego», hacerla propia y después defenderla a capa y espada es, de hecho, ininteligente. Así mismo, acudir a tal o cual escuela para desde ahí actuar y reaccionar defendiendo la «conciencia egoica», en el fondo es empírico. Tenemos necesidad de saber qué es el «Ego», ese «Yo» que es la causa de nuestra ignorancia y amargura; pero asentar una teoría sin tener experiencia directa es paradójico, incongruente, ilógico; realmente no resiste un análisis de fondo.

 Podríamos utilizar una lógica deductiva o inductiva, podríamos utilizar cualquier disciplina de Oriente o de Occidente para defender nuestras tesis relacionadas con el «Ego», pero en el fondo esto tampoco sería inteligente. Hay que ir más allá: ¡hay que experimentar! Sólo así, en base a la experiencia directa -y no indirecta- , podemos de verdad sentar axiomas matemáticos que se acerquen a lo que realmente es el «Ego».

 Incluso los mejores psicoanalistas, teósofos, etc., han errado al hablar del «Ego». Por ejemplo, algunos al hablar del «Ego subliminal» se han equivocado lamentablemente. Del mismo modo, el «Alter Ego» de los grandes espiritualistas tampoco resiste un análisis superlativo y transcendental, porque en el fondo es teórico.

 ¿Qué es pues ese «Yo» que llevamos en nuestro espacio interior? Cuando uno se auto-observa psicológicamente descubre que el «Yo» es un puñado de deseos, recuerdos, pensamientos, dogmas, opiniones, conceptos, prejuicios, pasiones, lujurias, adulterios, miedos, etc., etc., etc.

 Verdaderamente el «Yo» de cada uno es múltiple, es pluralizado. Queremos decir con esto que tenemos muchos «Yoes», y no solamente uno como lo suponen los «ignorantes ilustrados».

 En el Tíbet se habla de la «Doctrina de los Muchos Yoes»; el budismo tibetano da a los «Yoes» el nombre de agregados o apéndices psíquicos. Los Hierofantes del antiguo Egipto los llamaban: «los demonios rojos de Seth». Existe mucha documentación sobre la realidad plural de la psicología del hombre. Negar la doctrina de los numerosos «Yoes» sería estúpido porque, en efecto, sería tanto como negar las contradicciones íntimas que cada uno de nosotros posee. Incuestionablemente, estamos llenos de múltiples defectos: Iras, Codicias, Lujurias, Orgullos, Envidias, Perezas, Gulas… Todos estos agregados nos hacen comprender que el «Yo» no existe de modo individual, que no tenemos un «Yo» único.

 En nosotros existe el «Yo amo» y el «Yo no amo»; el «Yo odio», el «Yo tengo miedo», el «Yo estoy enfadado», el «Yo estoy celoso», el «Yo quiero» y el «Yo no quiero», etc., y cada una de esos «Yoes» vive dentro de nuestra personalidad, cada uno de ellos tiene sus propios pensamientos, sus propios sentimientos y su propia voluntad. Estos «Yoes», o «personas interiores», luchan entre sí por la supremacía de la máquina humana. Cuando uno de ellos consigue controlar totalmente el cerebro, el corazón y el sexo, cree que es único, se siente como si fuera la totalidad, cuando en realidad es solamente una parte de nosotros. En esta condición, somos seres carentes de responsabilidad legítima, no somos dueños de sí mismos, estamos a merced del «Yo» que en un momento dado ha hipnotizado nuestra Conciencia.

 Esta es la razón por la que el gnosticismo universal siempre afirmó que el hombre, en su condición actual, es un ser dormido e inconsciente. Sin embargo, siempre pensamos lo mejor de nosotros mismos, ni siquiera sospechamos que estamos dormidos.

 Las santas escrituras insisten en la necesidad de despertar, mas no explican el sistema para lograrlo. Lo más grave es que muchos han leído los textos sagrados y no han comprendido siquiera que están dormidos.

 La conciencia egoica, embotellada en el «Ego», es el mismo subconsciente humano. Los millones de defectos psicológicos que tenemos mantienen atrapado -cada uno de ellos- cierto porcentaje de Esencia o Conciencia, y éste es el motivo por el cual está profundamente dormida. Cuán diferente sería la vida si el hombre tuviera la conciencia despierta. Por ejemplo, si la humanidad tuviese solamente un diez por ciento de Conciencia despierta, no habrían guerras en el mundo…

 Cuando el «Ego» se desintegra, cuando se pasa por la aniquilación budista (la decapitación psicológica del «Yo»), la Conciencia se libera de su prisión, despierta, y entonces se abren ante el investigador competente las puertas maravillosas de la cuarta dimensión y de otras regiones superiores del espacio; entra en contacto con los Dioses antiguos citados en todas las tradiciones religiosas del pasado y en general conoce los Misterios de la Vida y de la Muerte. Pero nada de eso sería posible si no nos decidiéramos a pasar por un cambio radical. Así, tal como somos, con la Conciencia dormida, en estado de inconsciencia total, somos verdaderos muertos vivientes (estamos muertos para el Ser); no tenemos ninguna realidad. Los defectos psicológicos son llamados agregados psíquicos o apéndices del alma, porque no forman parte de nuestro Ser. Constituyen una segunda naturaleza, completamente anormal y antinatural en nosotros.

 Según la Gnosis, lo fundamental en la vida es llegar a tener realidad; todo el conocimiento que se imparte en el Instituto Gnóstico de Antropología está orientado a que el estudiante comprenda la necesidad de emprender seriamente el Trabajo sobre sí mismo, con la intención de revolucionar su conciencia y alcanzar la Auto-realización íntima de su Ser ... 

Muerte del Ego
Todas las culturas nos enseñan que hay que desintegrar los defectos o «Yoes»

La Revolución de la Conciencia

 El «animal intelectual” equivocadamente llamado hombre,
puede auto-realizarse si así lo quiere»
pero su auto-realización no es una Ley…

 La Ley para el «hombre-máquina» es nacer, crecer,
reproducirse y morir dentro del círculo vicioso de las
Leyes mecánicas de la Naturaleza…

La auto-realización del hombre no es jamás el producto de
ninguna mecánica evolutiva; es necesario comprender que
la evolución y la involución son dos leyes mecánicas que
cíclicamente se suceden una a otra.

 Todo evoluciona e involuciona, crece y decrece, nace y muere;
ésta es la rueda del Samsara en la que está
atrapada la humanidad... 

No existe auto-realización obligatoria ni mecánica.
La auto-realización íntima del hombre es el resultado
de un trabajo voluntario y consciente, hecho con suma paciencia
por nosotros mismos y dentro de nosotros mismos,
aquí y ahora…

 Esto quiere decir que si el hombre no realiza «algo» especial,
el desarrollo o realización de todas las posibilidades latentes
en él pueden quedar sin desarrollo alguno,
y hasta pueden perderse totalmente...

 Necesitamos por tanto, con urgencia, un cambio radical,
total y definitivo, y esto sólo es posible mediante
la Revolución de la Conciencia… 

La auto-realización íntima exige tremendos super-esfuerzos
individuales, y éstos sólo son posibles mediante la
Revolución de la Conciencia…

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